jueves, 29 de noviembre de 2012

DOS EVENTOS INESPERADOS

Cada vez queda menos para el estreno en España de la primera parte de El Hobbit, la nueva trilogía cinematográfica sobre la obra homónima de J. R. R. Tolkien, que ayer, dicho sea de paso, tuvo su preestreno en la ciudad de Wellington, Nueva Zelanda. Los pocos afortunados que ya la han visto han confesado que es espectacular. Nosotros, personalmente, estamos expectantes pero, al mismo tiempo, confiados en que Jackson y su equipo (con Andy Serkis a la cabeza) habrán hecho un buen trabajo. Y más si contamos con los antecedentes: El Señor de los Anillos marcó un antes y un después en la historia del cine, así que ¿por qué no puede a pasar lo mismo con El Hobbit?

El caso es que abrimos esta entrada para anunciaros dos eventos que seguro hace las delicias de todos los aficionados a la obra de Tolkien en particular y a la literatura fantástica en general.

El primero es la fiesta hobbit que organizará el sábado día 15 de diciembre (esto es, un día después del estreno de la peli) la Casa del Libro de la Gran Vía de Madrid desde las 12:30 hasta las 21:30. La sesión matinal será para los chavales y la vespertina para los adultos. Tal y como se anuncia en su página de Facebook, habrá cuentacuentos, manualidades, sesiones de fotos, sorteos, concurso de disfraces, etc. Y al parecer, en la taberna El Asador habrá 50% de descuento en yantar y bebida.

El segundo es el maratón de El Señor de los Anillos que van a hacer los chicos de la Asociación Salf en la Sala Azul de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid el próximo día lunes 5 de diciembre. Consiste en la proyección de las tres pelis de LA TRILOGÍA en versión extendida de forma continuada, desde las 9:00 de la mañana hasta las 21:00. Doce horas de cine para ir abriendo boca y, al mismo tiempo, homenajear al maestro de maestros. Aquí tenéis el evento anunciado en su Facebook.

Y esto es todo. Dos pepinazos considerables (uno antes y otro después del estreno de la película) para ir metiéndonos en ambiente.

¡Volvemos a la Tierra Media, señores!

Un mediano en una foto mediana.

jueves, 15 de noviembre de 2012

UNA NOTICIA INESPERADA

Ya queda cada vez menos para volver a sumergirnos en los espectaculares páramos de la Tierra Media. Dentro de menos de un mes se estrena la primera parte de El Hobbit, la película más esperada por todos los aficionados a la fantasía desde que se terminó la trilogía (perdón, LA trilogía) de El Señor de los Anillos. En concreto el 14 de diciembre, 7 días antes de que se cumpla la profecía maya sobre el apocalipsis. Así que, como probablemente será una de las últimas cosas que hagamos en esta vida, habrá que disfrutarla al máximo. Yo, personalmente, acudiré al estreno disfrazado, aunque aún no sé de qué.

Pero lo que me ha impulsado a abrir este post no es otra cosa que traeros una alucinante noticia que, pese a producirse hace un par de días, acaba de llegar a mi conocimiento: ya se puede escuchar en stream y completamente gratis (sí, habéis leído bien: GRATIS) la banda sonora completa (sí, también habéis leído bien: COMPLETA) de la película. En realidad se trata de un gigantesco iTune de 1 hora y 45 minutos de duración que la revista Empire ha colgado en su web por cortesía de Apple. Yo ahora mismo, mientras os escribo esto, estoy escuchándola y, he de decir que Howard Shore ha hecho un trabajo maravilloso, en la línea de lo que ya pudimos escuchar en LA trilogía, de modo que a lo largo de su escucha podremos reconocer melodías familiares, como las que hacen referencia a los hobbits o a la Sombra, junto a otras de nueva cosecha. En suma, todo muy épico y muy emotivo. Como debe ser.

Aquí os dejo el enlace de la web de Empire con la BSO en stream. No obstante, le falta una pieza, que no es otra que la "Canción de la Montaña Solitaria" (Song of the Lonely Mountain) interpretada por Neil Finn, la cual podréis escuchar en el vídeo que os cuelgo al final de esta entrada. Para mí, se trata de una composición bastante mierdera floja. Aun así, que la disfrutéis tanto como la he disfrutado yo.


P.D.: La parte en la que canta Thorin (Richard Armitage) junto a los demás enanos la Canción de la Montaña Solitaria pone, sencillamente, los pelos de punta.

martes, 13 de noviembre de 2012

ESTA SEMANA TENEMOS...

Este jueves día 15, a partir de las 17:30 y hasta que el cuerpo aguante (o los bedeles nos echen), estaremos en el local de nuestros amigos de G.R.E.B.A.S., en la facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid, haciendo partidas de demostración de Mansiones de la Locura y su expansión Alquimia Prohibida.

Ahí queda eso. Cthulhu fhtagn!

Todo el universo Lovecraft en una puta caja de cartón.

RESEÑAS: TOLEDO 1085, o cómo lo español también puede ser de calidad.

Uno de los principales vicios de los españoles es nuestra proverbial pereza. Vivimos en un país bendecido por la climatología y de una gran riqueza gastronómica, y por ello tendemos a preferir el ocio al trabajo duro. Pero, siendo esto verdad, también es justo reconocer que cuando los españoles nos ponemos el mono de trabajo somos capaces de hacer las cosas tan cojonudamente bien como los mejores. Tal es el caso del producto que os presento aquí: Toledo 1085, una maravilla diseñada por Javier Domínguez que, pese a no ser uno muy aficionado a los juegos de subasta, pasó a convertirse, desde la primera vez que lo probé, en uno de mis preferidos de todos los tiempos.


Toledo 1085 es un juego de subastas (o pujas) en el que los jugadores desempeñan el papel de nobles que, por orden del rey Alfonso VI de León y Castilla deben reconstruir la recién conquistada ciudad de Toledo (la nueva capital del reino) a base de edificar los distintos distritos que la configuran, con objeto de convertirla en la urbe más gloriosa de toda la Península Ibérica. Dichos distritos están formados por sectores, que no son otra cosa que familias de cartas distinguibles por un color y un símbolo característico: el sector de la ciencia, de color azul y simbolizado por un compás; el sector del comercio, de color verde claro y simbolizado por una balanza; el sector de la cultura, de color verde oscuro y simbolizado por un tintero; el sector de la religión, de color marrón y simbolizado por un libro; y el sector de la nobleza, de color violeta, que actúa como sector comodín y cuyo símbolo es una corona. Dentro de cada familia, además, podemos encontrar cartas correspondientes a los distintos colectivos religiosos que poblaban la Ciudad Imperial durante sus primeros años de vida: los cristianos (simbolizados por una cruz), los musulmanes (simbolizados por una media luna menguante) y los judíos (simbolizados por la estrella de David). Y, asimismo, cada carta está numerada con una cifra que va del 1 al 4 y que corresponde con la puntuación de dicha carta.

Junto a estas cartas, que podríamos llamar "estándar", existen otras consideradas "especiales", cada una de ellas con una habilidad muy guay que afecta sobremanera al desarrollo general del juego. Estas cartas también pueden salir a subasta y son, en concreto, cinco: el bufón (que lo que hace es suplantar una carta de un sector determinado de un jugador distinto del que la "compró", quedando dicha carta eliminada del juego), el pícaro (que lo que hace es permitirle al que la "edificó" robar, una vez por ronda, una moneda de vellón de uno de los demás jugadores, a su elección, antes de empezar el primer turno de subasta), el prestamista (que le permite al que la "compró" convertir una y sólo una de sus monedas de plata en oro una vez por ronda de puja), el acuñador (que es como el prestamista sólo que convierte en plata las monedas de vellón) y el heraldo real (que es la carta especial más puta agresiva de todo el juego, pues le permite al jugador que la "compró" dos cosas: o bien se la queda y se anota 4 puntos para su ciudad o bien, tras un acuerdo con este, la intercambia por una carta de otro jugador, sin restricciones)

Todos los jugadores comienzan con una cantidad de "dinero" específica (en realidad las "monedas" son fichas de colores): una moneda de oro (una ficha de plástico dorada), dos de plata (fichas de plástico de color plateado) y cinco de vellón* (fichas de plástico de color cobrizo). Ese dinero siempre es el mismo, es decir, no es acumulable de ronda a ronda, de modo que si al finalizar todas las pujas a algún jugador aún le sobran "monedas", no tendrá más remedio que descartarlas, pues la cuantía inicial (es decir: una moneda de oro, dos de plata y una de vellón) vuelve a repartirse entre todos los jugadores cada vez que se termina una ronda de puja.

En cada ronda salen a subasta dos tipos de cartas: primero, se colocan boca arriba sobre la mesa una tras otra tantas cartas como jugadores hay más uno (a esto se le conoce como "propuesta del rey"), y luego cada jugador, empezando por el que abre la ronda, escoge dos cartas del mazo, selecciona una y la coloca boca abajo a continuación de la última carta colocada sobre la mesa (a esto se le conoce como "propuesta de los nobles"), siempre una detrás de otra, formando una fila. De modo que, como máximo, teniendo en cuenta que al juego no pueden jugar más de cuatro jugadores, pueden salir a subasta 9 cartas: 5 boca arriba y 4 boca abajo.
A continuación comienza la ronda de subastas, cada una de ellas dividida en turnos (tantos como cartas a subasta hay) en el que los jugadores pueden o superar la puja anterior o pasar, con una única salvedad: el jugador inicial de cada turno está obligado a pujar. Si pasan, no pueden seguir pujando hasta el siguiente turno. Si superan la puja (nunca pueden igualarla, lógicamente) y el resto de jugadores pasa, entonces obtendrán la carta subastada ese turno, la cual han de "edificar" (es decir, colocar boca arriba en la mesa delante de ellos) dentro del sector (o familia) correspondiente: las azules con las azules, las marrones con las marrones, y así sucesivamente. Las violetas (correspondientes al distrito noble) pueden ser colocadas en cualquier otra familia, al tratarse de comodines. Cuando un jugador edifique todos y cada uno de los cuatro distritos (el noble no se cuenta, puesto que, como es un comodín, no forma sector por sí mismo) y, además, sume 10 puntos en total entre todas las cartas de dicho sector (o familia), el juego termina y se cuentan los puntos.

A la hora de edificar en cada sector, en general, los jugadores no tienen restricciones (es decir, pueden edificar cartas repetidas e incluso pasarse de los 10 puntos límite), pero han de tener en cuenta una cosa: si logran que en un mismo sector haya al menos una carta de cada grupo religioso (es decir, una cristiana, una musulmana y una judía) entonces obtendrán dos ventajas: por un lado, automáticamente suman 2 puntos extra al cómputo total de dicho sector; por otro, ese sector queda "blindado" ante las habilidades de las cartas especiales (es decir, el bufón o el heraldo real no pueden ni suplantar ni intercambiar respectivamente una carta de dicho sector). Asimismo, dependiendo del número de sectores que logren completar obtendrán bonificaciones o penalizaciones al cómputo total de su puntuación final, con lo que la victoria no depende tanto de comprar todas las cartas cuanto de comprar las cartas adecuadas, y puede darse el caso de que el jugador con el distrito más grande no sea el que gane.

Como vemos, la premisa del juego es tan atractiva como innovadora: construir entre todos los jugadores una de las ciudades más hermosas y con una de las historias más fascinantes de toda España. Y es que en nuestro país no hay un lugar que destile tanto medievalismo como Toledo. Y todo lo medieval, hoy en día (quizás por nuestra herencia decimonónica) llama mucho la atención. Lo más chulo de Toledo 1085 es que este espíritu de la Edad Media está perfectamente reflejado: no sólo en la división de los distritos en sectores y de estos en religiones (tal y como ocurría, y aún sigue ocurriendo, en la principal ciudad de Castilla), sino que el diseño de todas y cada una de las cartas es jodidamente ALUCINANTE (así, con mayúsculas), pues sus dibujos recuerdan a los típicos grabados de los códices de los siglos XIII y XVI. Asimismo, dependiendo de cada puntuación, sector y religión, dichas ilustraciones también van a variar: por ejemplo, dentro del sector religioso, la carta 2 de los cristianos va a poseer un dibujo concreto (una Biblia con el dibujo de Adán y Eva y el Árbol de la Ciencia) y distinto al de la carta 2 del mismo sector de los judíos (un rabino leyendo un pergamino con la Torá) y distinto también al de la carta correspondiente de los musulmanes (un hombre con turbante leyendo el Corán). De modo que la riqueza visual y artística de Toledo 1085 es, sencillamente, espectacular, y merece la pena gastarse los 20 euros que cuesta sólo por ello: entre los 117 naipes que lo configuran (116 cartas más la "carta de cetro", que va rotando, y marca el jugador inicial en cada turno), el mismo dibujo sólo se repite una decena de veces.
Otros dos aspectos curiosos de este Toledo 1085 son, por un lado, que se juega sin cartas en la mano: las cartas van directamente de la mesa (zona de subastas) a la mesa (zona de distrito); y por otro, que la "edificación" de cartas especiales (bufones, pícaros, acuñadores y prestamistas) le da una gracia peculiar al juego, pues el hecho poseer una moneda de oro, plata o vellón más o menos que el rival puede suponer la diferencia entre comprar o no un distrito X y, por lo tanto, la diferencia entre sumar más puntos que tu adversario.

Sin embargo, no todo son maravillas en este Toledo 1085. Por lo que respecta a su jugabilidad, hay que concluir que, a pesar de tratarse de un juego para de 2 a 4 jugadores, flaquea bastante con menos de tres. A esto hay que añadirle su ritmo lento, medieval, que provoca que, a veces, los jugadores puedan perder el hilo de la partida. También me he dado cuenta, a lo largo de las innumerables partidas, que, en ocasiones, se genera cierta confusión entre las cartas del sector del comercio (verde claro) y el sector de la cultura (verde oscuro) debido a la coincidencia de colores entre ambos sectores. Quizás si el diseñador hubiera elegido dos colores distintos para cada uno de estos sectores (verde y amarillo, o verde y rojo, o verde y naranja, por ejemplo) este inconveniente habría quedado resuelto. Del mismo modo, se trata de un juego que, inevitablemente, recuerda por momentos al clásico Ciudadelas, pese a que ambos poseen mecánicas y trasfondos completamente diferentes. Dicho de otro modo: no se trata de un juego original al 100%, pues toma como base un producto anterior, y, mientras uno juega, no puede evitar que le vengan a la cabeza reminiscencias de la obra maestra de Bruno Faidutti. Con todo, estos aspectos, a mi juicio, han de considerarse como fallos menores, meros "lunares" que no opacan en modo alguno la calidad global de este maravilloso juego de cartas editado por la casa Edge.

Y poco más hay que decir al respecto. Simplemente que Toledo 1085 es recomendable al 100%, tanto para los que son aficionados a los juegos de subasta como para los que no, fundamentalmente por tres aspectos: su estética visual, realmente fascinante; su trasfondo histórico, perfectamente recogido en el espíritu del juego; y su mecánica innovadora, con cartas que van de una zona de la mesa a otra zona de la mesa sin pasar antes por las manos de los jugadores.


A FAVOR:

- El diseño de las cartas, de un barroquismo, un cuidado y una delicadeza que realmente enamora. Así, Toledo 1085 es una auténtica delicia para la vista. Incluso el aspecto de la caja del juego y el anverso de las cartas son la polla con cebolla sugerentes.
- El trasfondo histórico-medieval que invade todo el juego.
- Que las monedas en realidad sean fichas de colores, cada uno de ellos correspondiente a un material de acuñación: dorado para las monedas de oro, plateado para las de plata y cobrizo para las de vellón.
- Que es un producto español y, además, bien hecho, cosa que demuestra que, si nos ponemos en serio, los españoles, más allá de jugar al fútbol, podemos hacer bien las cosas.

EN CONTRA:

- Que en ocasiones el diseño de las cartas genera confusión, debido a la coincidencia de colores entre dos sectores distintos.
- Su exasperante lentitud.
- Que recuerda demasiado al Ciudadelas de Faidutti.


Nombre: TOLEDO 1085
Autor: Javier Jesús Domínguez Cruz
Sello en España: Edge
Nº jugadores: 2-4
Duración: 45-50 min.
Idioma: Español (sólo las reglas)
Dependiente del idioma: No

VALORACIÓN: 4,5/5

*El vellón es una aleación de plata y cobre con la que se solían fabricar las monedas y las alhajas de la antigüedad, generalmente en épocas de carestía de metales nobles y devaluación monetaria, como por ejemplo solía ocurrir tras las campañas militares.


jueves, 1 de noviembre de 2012

ESTA SEMANA TENEMOS...

VIERNES: Partidas de RISK: El Señor de los Anillos.

SÁBADO: Partidas de Juego de Tronos y juegos de la ludoteca.

¿Te lo vas a perder?

Cuando me pongo el anillo, veo el ojete de Saurón.